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jueves, 27 de junio de 2019

La Alhambra En Un Minuto. 9 Años En Los Molinos

 
You tube. Thevideoskuki


Mi pasión por Granada, especialmente por la Alhambra, es probablemente irracional. Por eso es una pasión. Fue en 1998 cuando nos tropezamos por primera vez. En pleno mes de julio, con una ola de calor andaluza que propiciaba que los turistas acamparan en los bares y nadie osara a subir a la colina de la Sabika. Lo recuerdo como si fuera ayer. Tus muros rojizos, desconchados, muestran orgullosos tu fortaleza. La Alcazaba suele visitarse con rapidez pero ese recinto amurallado y militar impresiona por su arrogancia , en el mejor sentido de la palabra. Después aparecen los recintos palaciegos. Cada uno con su peculiar belleza. A algunos les encanta el patio de Arrayanes y su imponente alberca. Otros se dejan seducir por el patio de los Leones y sus juegos de luces y sombras a través de los mocárabes. El Partal y su torre vigía. El Generalife y su acequia real. A cada uno lo suyo, como así se relacionan las personas. 

Han pasado 20 años y he perdido la cuenta de las veces que la he visitado. Solo, en pareja, con pequeños grupos, con multitudes. En invierno, en verano. Quizá en las estaciones de entretiempo menos. Quizá es que ya solo existe el tórrido verano y el gélido invierno.

El montaje es ingenioso. En un minuto te articula la construcción ( ordenada cronológicamente ) de las principales partes que conforman esta ciudad. En un vistazo te ayuda a comprender.

Pasa tan rápido el video como lo han sido estos 9 años precedentes. En Los Molinos me he encontrado con compañeros de una escala considerable. Entregados a su trabajo, cercanos y comprensibles; desarrollando proyectos que -indistintamente fueran innovadores o tradicionales - situaban al alumno como el eje articulado de su motivación. Capaces de absorberte por completo, de ilusionarte como aquel artista que sube por primera vez al escenario, de ponerte a experimentar con metodologías novedosas, de involucrarte en actividades por doquier y de hacerte sentir que aquello tiene  El Sentido y es perdurable tanto como son los ladrillos y el mármol de la Alhambra. Tan sencillo y tan complicado como un sorbete literario sujetado en la pared con una chincheta, tan estimulante como la Constitución en manos de los alumnos de 2º de Bachillerato para mostrarla a sus compañeros de la ESO,  tan educativo como encerrarse en un cuarto para rasgar y comprender las vestiduras de cada alumno, y  sentir formar parte de tantos departamentos como personas vas descubriendo, algunas tardíamente, e incluso atisbando simplemente su calidez y valía justo antes de que se marchen, después de que tus pasos viran. 

Serán que todos son como la Alhambra que cada vez que vas , te maravilla. 



miércoles, 29 de mayo de 2019

Vidrio Esmerilado

Hay poderosas razones para no perder la esperanza. Eso dicen, la esperanza es lo último que se pierde. Tal vez hay que tener en cuenta que es nuestra pérdida lo que propicia que la esperanza se extravíe.

Cuando tienes 12 años aún te sientes demasiado indefenso. Te hacen mayor en las aulas de instituto y aparecen demasiados personajes alejados a la figura familiar del maestro. Es un debate controvertido que ahora no viene al caso. Lo cierto es que te hacen mayor con multitud de materias, diferentes exámenes, variedad de aulas y todo se acumula cuando además convives o más bien sobrevives con adolescentes desbocados o alumnos que miran con cierto desdén a aquel que bien podría ser considerado aún un niño.

Pasan los años como si fueran cursos. Aún recuerdo sus tapas de los ordenadores recién levantadas y los primeros ejercicios de geografía. Aquel curso tan peculiar, de los que tan pocos quedan, apenas pasados cuatro años. Os hacen mayores y el nivel de exigencia, aparte de multitud de circunstancias colocan a cada uno en su sitio. No sé si es justo. Creo que no. Los años discurren y el listado de nombres se amontona. Y ya te cuesta relacionar los apellidos, los primos o los hermanos, e incluso confundes las situaciones. El procesador se va volviendo lento o puede que sea, simplemente que no da más de sí. Y ahora ya tienen 16 años. Han cambiado. Tú no tanto. Están enfilados a terminar su primera carrera. Siguen siendo niños, o tal vez así los consideres. Ahora manejan la Historia, con cierta soltura, y ves que ellos sí recuerdan, que sonríen cuando en vano rememoras aquella anécdota, o simplemente repites aquel chiste que por malo queda para siempre en sus recuerdos. O eso crees. O eso anhelas.

Es una promoción especial a la que has seguido. Le has sido fiel por no ser la más brillante, por no ser la más aplicada, por no ser la más inquieta, por no ser la más cercana, por no ser, ni tan siquiera, la habitualmente vilipendiada de ciencias sociales. Es simplemente aquella que empezó en un año concreto y continuó para crecer  y crecer contigo. 

Ahora les quedan días. Tantos como a ti. Ya no podrás decir que vas a continuar con ellos. Sabes que en su graduación seguirán cada uno el camino de su propio óptico ( consiguiendo que el peor chiste sea definitivamente superado ) y tú seguirás un camino a ciegas sin la senda que ellos han marcado. 

Quizá por ello acabas como el vidrio esmerilado.